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El
concepto de pobreza varía de un país a otro.
En términos generales, cuanto más rico es
un país, más alta es la línea que fija
para demarcar la pobreza. Para poder efectuar comparaciones
internacionales, el Banco Mundial ha establecido una línea
internacional de pobreza de $1 al día por persona,
a precios de 1985, ajustados para tener en cuenta la paridad
del poder adquisitivo. De acuerdo con esta medición,
la proporción de pobres en la población mundial
—quienes viven con menos de $1 por día—
descendió levemente entre 1987 y 1993, pues pasó
del 30% al 29%. Pero el número absoluto de pobres
aumentó de 1.200 millones a 1.300 millones, y otros
2.000 millones de personas se encuentran en una situación
apenas mejor.
Geografía
de la pobreza
La
mayor parte de los pobres del mundo viven en Asia meridional
(39%), Asia oriental (33%, la mayoría de ellos en
China e Indochina) y África al sur del Sahara (17%).
Asia meridional presenta también la mayor incidencia
de pobreza (43% de su población), seguida de África
al sur del Sahara (39%; Gráfico
6.1). Entre los países en los cuales más
de la mitad de la población se halla por debajo de
la línea internacional de pobreza se cuentan Guatemala,
Guinea-Bissau, India, Kenya, Lesotho, Madagascar, Nepal,
Níger, Senegal y Zambia (Mapa
6.1 y Cuadro de datos 1).
Los analistas han descubierto una fuerte relación
positiva entre el crecimiento
económico y la reducción de la pobreza.
Por ejemplo, en Asia oriental (excluida China), donde se
encuentran las economías que crecen con mayor velocidad
en el mundo, la proporción de la población
que vive en la pobreza disminuyó del 23% en 1987
a menos del 14% en 1993. Pero en África al sur del
Sahara, donde predominó, en ese período, un
crecimiento negativo del PNB per cápita, prácticamente
no hubo variación en la incidencia de la pobreza.
El
círculo vicioso de la pobreza
En
general, los economistas suponen que el deseo de la gente
de ahorrar para consumir en el futuro aumenta con los ingresos.
Cuanto más pobre es una persona, menos recursos tiene
para planificar su futuro y ahorrar. La misma lógica
se aplica a las empresas y los gobiernos. Por ello, en los
países pobres, donde la mayor parte del ingreso se
debe gastar en satisfacer las necesidades del momento —en
muchos casos, acuciantes— el ahorro
La escasez de ahorro constituye una traba para la crucial
inversión
interna tanto en capital
físico como en capital
humano. Sin inversiones nuevas, la productividad
de la economía no puede mejorar y no pueden aumentar
los ingresos. De este modo, se cierra el círculo
vicioso de la pobreza (Gráfico
6.2). Entonces, ¿están los países
pobres condenados a seguir siendo pobres?
Los
últimos datos sobre inversión interna bruta
en Asia oriental parecen indicar que no es así. A
pesar de que, en la región, el PNB per cápita
inicial era bajo, el ahorro
interno bruto y la inversión
interna bruta eran elevados e iban en aumento hasta
la crisis financiera de 1998 (Gráfico
6.3). Los especialistas siguen tratando de explicar
este fenómeno. En términos generales, sin
embargo, muchos de los factores que alientan a la gente
a ahorrar e invertir son bien conocidos; entre ellos se
cuentan la estabilidad política y económica,
un sistema bancario confiable y una política oficial
favorable.
Además
de la inversión interna, la inversión extranjera
puede ayudar a los países en desarrollo a romper
el círculo vicioso de la pobreza, en especial si
va acompañada de transferencias de tecnología
de vanguardia de los países desarrollados. La oportunidad
de beneficiarse de la inversión y la tecnología
extranjeras muchas veces se menciona como "la ventaja del
atraso", que debería, al menos en teoría,
permitir a los países pobres desarrollarse más
rápidamente de lo que, en su momento, progresaron
los países industriales de la actualidad. Sin embargo,
muchas de las condiciones necesarias para atraer inversión
extranjera a un país son las mismas que se requieren
para estimular la inversión interna.
Un
clima propicio para las inversiones se compone de muchos
factores que hacen que sea más redituable y menos
riesgoso invertir en un país que en otro. La estabilidad
política es uno de los más importantes. Tanto
los inversionistas nacionales como los extranjeros desisten
ante el peligro de una conmoción política
y ante la perspectiva de que un nuevo régimen pueda
exigir impuestos punitivos o expropiar bienes de capital.
Como consecuencia, el país donde se produjera esa
situación podría caer en otro círculo
vicioso, como hemos visto históricamente en algunos
países latinoamericanos (Gráfico
6.4). La inestabilidad política ahuyenta las
inversiones nuevas; ello impide que la economía crezca
rápidamente y que la situación económica
de la población mejore, lo cual genera más
descontento con el régimen político imperante
y aumenta la inestabilidad política. Este círculo
vicioso de inestabilidad política puede convertirse
en un serio obstáculo para la reactivación
del desarrollo económico y la reducción de
la pobreza..
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