Cada país establece prioridades diferentes en sus políticas de desarrollo. Para comparar los niveles de desarrollo, primero habría que decidir qué significa verdaderamente el desarrollo y qué trata de alcanzar. Los indicadores que miden esos logros se podrían utilizar entonces para evaluar el progreso relativo de los países en materia de desarrollo.
¿El objetivo es simplemente aumentar la riqueza nacional, o es algo más sutil? ¿SerÁmejorar el bienestar de la mayoría de la población? ¿QuizÁvelar por la libertad de los pueblos? ¿O, tal vez, aumentar su seguridad económica?
En documentos recientes de las Naciones Unidas se insiste especialmente en el "desarrollo humano", medido según la esperanza de vida, la alfabetización de los adultos, el acceso a los tres niveles de educación, así como el ingreso medio de la población, condición necesaria para su libertad de elección. En un sentido más amplio, el concepto de desarrollo humano incorpora todos los aspectos del bienestar de los individuos, desde el estado de salud hasta la libertad política y económica. Según el Informe sobre desarrollo humano, 1996, publicado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, "el desarrollo humano es el fin; el crecimiento económico es un medio" (pág. 1).
Es cierto que el crecimiento económico, al aumentar la riqueza total de una nación, también mejora las posibilidades de reducir la pobreza y resolver otros problemas sociales. Pero la historia nos presenta varios ejemplos en los que el crecimiento económico no se vio acompañado de un progreso similar en materia de desarrollo humano, sino que se alcanzó a costa de una mayor desigualdad, un desempleo más alto, el debilitamiento de la democracia, la pérdida de la identidad cultural o el consumo excesivo de recursos necesarios para las generaciones futuras. A medida que se van comprendiendo mejor los vínculos entre el crecimiento económico y los problemas sociales y ambientales, los especialistas, entre ellos los economistas, parecen coincidir en que un crecimiento semejante es, inevitablemente, insostenible, es decir, no se puede mantener mucho tiempo.
Para ser sostenible, el crecimiento económico debe nutrirse continuamente de los frutos del desarrollo humano, como la mejora de los conocimientos y las aptitudes de los trabajadores, así como de las oportunidades para utilizarlos con eficiencia: más y mejores empleos, mejores condiciones para el florecimiento de nuevas empresas y mayor democracia en todos los niveles de adopción de decisiones (Gráfico 1.1).
A la inversa, si es lento, el desarrollo humano puede poner fin a un crecimiento económico sostenido. Según el Informe sobre desarrollo humano, 1996, "En el período 1960-1992, de los países que se encontraban en situación de desarrollo desequilibrado con un desarrollo humano lento y un crecimiento económico rápido, ninguno logró efectuar la transición hacia un círculo virtuoso en que pudieran reforzarse recíprocamente el desarrollo humano y el crecimiento". Puesto que la desaceleración del desarrollo humano se ha visto seguida, invariablemente, de la desaceleración del crecimiento económico, esta modalidad de crecimiento se describe como "sin salida".
La expresión "desarrollo sostenible" estÁmuy difundida entre los políticos de todo el mundo, si bien el concepto es relativamente nuevo y no se lo interpreta de manera uniforme. A pesar de ser tan importante, el concepto estÁen plena evolución y su definición se estÁexaminando, ampliando y perfeccionando continuamente. Con este libro, usted podrÁtratar de mejorar la definición, pues aprenderÁmás sobre las relaciones entre sus principales componentes - los factores económicos, sociales y ambientales del desarrollo sostenible - y podrÁdecidir la importancia relativa de cada uno de ellos, según el sistema de valores que usted tenga.
De acuerdo con la definición clásica elaborada por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en 1987, el desarrollo es sostenible cuando "satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades". Habitualmente se entiende que esta justicia "intergeneracional" sería imposible de alcanzar si no existiera justicia social en la actualidad; si las actividades económicas de algunos grupos continuaran poniendo en peligro el bienestar de otros o de la población de otros lugares del mundo. Supongamos, por ejemplo, que la deforestación constante de la cuenca del Amazonas, de extraordinaria biodiversidad, provoca la extinción de una especie desconocida de planta que podría haber ayudado a curar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), enfermedad mortal que constituye una amenaza para la población del mundo entero. O pensemos, por ejemplo, en las emisiones de gases de efecto invernadero, generadas principalmente por los países industriales, que pueden causar el calentamiento de la Tierra; este fenómeno, a su vez, puede anegar islas de litoral bajo y desembocar en el empobrecimiento de naciones enteras y el desplazamiento de sus poblaciones.
En la justicia social, definida como la igualdad de oportunidades de alcanzar el bienestar, tanto para una generación como para generaciones futuras, se pueden observar al menos tres aspectos: económicos, sociales y ambientales. Sólo serÁduradero el desarrollo que logre equilibrar estos tres grupos de objetivos (Gráfico 1.2). Inversamente, el desconocimiento de alguno de esos aspectos puede poner en peligro el crecimiento económico y el proceso de desarrollo en su conjunto.