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Durante
el siglo XX, la importancia económica del Estado
aumentó en todo el mundo. En los países
desarrollados, el gasto del gobierno central representaba
menos del 10% del producto interno
bruto (PIB) al comenzar el siglo, pero en muchos de
ellos, para los años noventa, esa proporción
había trepado a casi el 50% (Gráfico
11.1; Cuadro de datos 3). Entre
los principales factores históricos que contribuyeron
a la expansión del Estado se cuentan la revolución
rusa de 1917 y la gran depresión de los años
treinta. La información parece indicar que esa expansión
continúa hasta hoy: en los últimos 35 años,
la participación del gasto público en el PIB
de los países desarrollados aproximadamente se duplicó.
En
los países en desarrollo,
el papel económico del Estado creció extraordinariamente
en la segunda mitad del siglo XX, finalizado el colonialismo
y en pos de algunos objetivos de desarrollo como la industrialización
y la equidad Sociales. En muchos de estos países, el
Estado trató de movilizar recursos y orientarlos
hacia un rápido crecimiento
económico , en lugar de limitarse a estabilizar
la economía, como en la mayoría de los países
desarrollados. Hasta el decenio de 1980, el modelo de desarrollo
dominado por el Estado —que incluía la planificación
centralizada y el control estatal de la economía
— gozó de una amplia adhesión. Sin embargo,
en los países en desarrollo, la participación
del gasto público en el PIB no llega a la mitad de
la registrada en los países desarrollados (véanse
el Gráfico 11.1 y el Cuadro
de datos 3). ¿Significa esto que una participación
creciente del gasto público en el PIB debe considerarse
un signo de desarrollo?
En
los países en desarrollo, los presupuestos públicos
no sólo son proporcionalmente menores, sino que tienen
estructuras diferentes. En los países desarrollados,
más de la mitad del gasto público se destina
a los servicios Socialeses, como las jubilaciones, los seguros
de desempleo, el sistema de seguridad Sociales y otros pagos
de transferencia. En los países en desarrollo,
en cambio, se destina mucho menos gasto público a
los servicios Socialeses y mucho más a la subvención
de empresas estatales comerciales (es decir, que venden
bienes y servicios). Éstas, a diferencia de otras
empresas estatales que prestan servicios públicos
gratuitos (por ejemplo, las escuelas y los dispensarios),
podrían estar en manos de firmas privadas con fines
de lucro. Sin embargo, en algunos casos los gobiernos prefieren
mantenerlas bajo su control directo. La participación
de las empresas estatales comerciales en el PIB y en la
inversión
interna bruta suele ser mayor en los países más
pobres (Gráfico 11.2).
Un
porcentaje elevado de empresas estatales ¿constituye
un problema; es bueno o malo para el crecimiento
económico y el progreso de los países
en desarrollo? Los partidarios de mantener una gran proporción
de empresas públicas sostienen lo siguiente:
- Sólo
el Estado es capaz de proporcionar inversiones suficientes
para la modernización tecnológica de las
principales industrias nacionales.
- Sólo
el control estatal directo de determinadas empresas puede
impedir que se fijen precios altos, inaceptables por razones
Socialeses, para bienes y servicios básicos como
la energía, la vivienda y el transporte.
- Sólo
la propiedad estatal de las empresas más grandes
puede impedir el desempleo elevado.
Por
otra parte, la experiencia de muchos países demuestra
que, normalmente, las empresas estatales son menos eficientes
que las privadas. Una de las principales razones es que
los administradores públicos tienen poco o ningún
incentivo para tratar de que sus empresas sean rentables.
Gracias al fácil acceso a las subvenciones estatales
y los préstamos con garantía del Estado, desaparece
el peligro de una quiebra, que puede actuar como factor
de disuasión de la ineficiencia. Además, suele
ser muy difícil lograr que una empresa pública
dé ganancias, porque en muchos casos los gobiernos
mantienen bajos sus precios de venta, en forma artificial,
y no le permiten despedir personal.
En
los países donde las empresas estatales tienen una
participación importante, su escasa eficiencia puede
obstaculizar el crecimiento económico. Asimismo,
los gobiernos tienen que compensar las pérdidas financieras
de estas empresas ineficientes. Para cubrir el consiguiente
déficit presupuestario, en muchos casos los gobiernos
se ven obligados a emitir más dinero, lo que provoca
inflación, o pedir préstamos, lo que aumenta
la deuda interna o externa. En ambos casos, las economías
nacionales se desestabilizan y se pierden oportunidades
de crecer.
En vista de lo antedicho, ¿es preferible mantener
las empresas bajo control estatal? ¿Cuáles
son el tamaño y la composición ideales del
sector público de un país? ¿Se puede
dar respuestas generales a estos interrogantes, independientemente
de las convicciones ideológicas?
A
decir verdad, cada vez se acepta más la idea de que
la intervención estatal se justifica únicamente
cuando el mercado falla. Hay cinco situaciones básicas,
llamadas fallas del mercado, donde el sector privado suele
producir una cantidad excesiva o insuficiente de determinados
bienes y servicios:
- Producción
insuficiente de bienes
públicos, por ejemplo, defensa, orden público,
caminos y protección ambiental.
- Producción
insuficiente de bienes y servicios con externalidades
positivas (como la salud pública y la educación)
y producción excesiva de bienes y servicios con
externalidades negativas (como los cigarrillos).
- Fijación
de precios muy elevados y producción insuficiente
por parte de monopolios
naturales por ejemplo, las empresas de suministro
de agua y electricidad.
- Oferta
insuficiente de servicios Socialeses, como las jubilaciones
o los seguros médicos y de desempleo.
- Suministro
insuficiente de información a algunas partes afectadas
por procesos del mercado (por ejemplo, información
sobre la calidad de los alimentos y los medicamentos para
aquellos consumidores cuya salud estÁen riesgo).
Estas
cinco situaciones exigen alguna forma de intervención
del Estado. Sin embargo, incluso en los mercados donde existen
fallas indudables, no necesariamente la provisión
estatal de los bienes y servicios insuficientes es la mejor
opción. Ya hemos comentado las causas de la escasa
eficiencia de la administración de las empresas públicas,
a las que habría que añadir la posibilidad
de corrupción de los funcionarios. La suma de todos
estos factores ha desembocado en lo que se denomina "fracaso
del Estado". Como se ha tomado mayor conciencia de este
problema, los gobiernos de algunos países desarrollados
están tratando de buscar otras salidas que reemplacen
a la propiedad estatal, por ejemplo, nuevos métodos
de reglamentación o financiamiento estatal para el
suministro privado de bienes públicos. El fenómeno
reciente del financiamiento estatal de cárceles privadas
en los Estados Unidos 1
constituye un ejemplo notable de la búsqueda de nuevas
soluciones.
¿Hay
una tendencia hacia la privatización?
Al
privatizar todas las empresas que el sector privado pueda
administrar satisfactoriamente, en muchos casos los gobiernos
logran, por un lado, mejorar la eficiencia de la economía
del país y, por el otro, eliminar la pesada carga
que la subvención de empresas deficitarias representa
para los presupuestos nacionales. De este modo, pueden concentrarse
en tareas que no se pueden trasladar a los mercados, como
la formación del capital
humano y la adopción de las medidas necesarias
para el desarrollo humano (véase el Capítulo
1). Por ejemplo, según algunas estimaciones,
si los fondos asignados en el presupuesto a la subvención
de empresas estatales se hubieran destinado a la atención
de la salud pública, el gobierno central de México
podría haber cuadruplicado, aproximadamente, el gasto
en salud, y el de la India podría haberlo quintuplicado,
o bien México podría haber incrementado el
gasto en educación en un 50%, y la India, en 550%.
Para
que los gobiernos dejen de proporcionar los bienes y servicios
que se pueden comercializar, debe haber sectores privados
activos dispuestos a asumir esa tarea. En algunos casos,
hasta es posible reducir la preponderancia económica
de las empresas estatales sin recurrir a grandes privatizaciones,
fundamentalmente por medio de una liberalización
del mercado que dé por resultado un crecimiento
acelerado del sector privado. Es lo que ocurrió en
la República de Corea en los decenios de 1970 y 1980,
y en China en los años ochenta y noventa. Pero lo
más común es que se necesiten programas especiales
de privatización, particularmente donde el sector
público es mucho más grande que el privado
y absorbe una gran cantidad de recursos nacionales escasos.
Desde
el decenio de 1980, muchos países desarrollados y
en desarrollo han adoptado programas de privatización.
Se puede tratar de juzgar su magnitud analizando los datos
sobre los ingresos públicos provenientes de la privatización
en el Cuadro de datos 3. Cabe señalar
que en estos datos no sólo incide la magnitud de
la privatización sino también el método
empleado. La venta de una empresa estatal a terceros ajenos
a ella normalmente produce mayores ingresos que la venta
a sus administradores y empleados, mientras que una privatización
con cupones (como las realizadas en Rusia en 1991-93) no
genera ingresos.
En
la actualidad, el proceso de privatización más
gigantesco es el que se estÁllevando a cabo en los
países donde antes imperaba el régimen Socialesista.
La transición a la economía de mercado requiere
la privatización, en una escala sin precedentes,
de las antiguas empresas estatales que solían dominar
la economía. En el Gráfico
11.3. se pueden observar los diferentes puntos de partida
y ritmos del proceso de privatización en este grupo
de países. Entre otras regiones del mundo en desarrollo,
los programas de privatización se han acelerado en
América Latina y el sudeste asiático, mientras
que en África al sur del Sahara el proceso es menos
pronunciado.
Lamentablemente,
en algunos países en transición —particularmente
los que sufren crisis económicas— las reformas
del mercado han llevado al Estado a abandonar sus funciones
básicas, como mantener el orden público o
los servicios Socialeses de importancia crítica. Por
ejemplo, a la vez que se han reducido las subvenciones a
las empresas deficitarias —y en algunos casos en lugar
de ello— se han eliminado importantes programas de
salud y educación. Tales políticas no sólo
han sido perjudiciales para el bienestar de la población
sino que también han socavado las bases del desarrollo
futuro de los países afectados.
Muchos especialistas sostienen que, si bien el Estado como
motor exclusivo del desarrollo ha fracasado, el desarrollo
sin intervención alguna del Estado correría
la misma suerte. Reflexionemos sobre este tema: ¿por
qué tanto un Estado eficaz como un sector privado
viable son importantes para el desarrollo?
1
Prisons were traditionally state-owned "enterprises" because
they "produce" such public goods as obedience to the
law and public safety. |