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El
capital es una masa de recursos utilizados para producir
bienes y servicios.
Lo más frecuente es que por él se entienda
el capital físico: los edificios, las máquinas,
los equipos técnicos y las existencias de productos
y materia prima. Pero el "capital humano" —los conocimientos
y las aptitudes de la gente— es igualmente importante
para la producción y no menos valioso para la persona
que cuenta con él. La importancia del "factor humano"
para la producción moderna se observa en la distribución
del ingreso entre quienes poseen capital físico y
quienes "poseen" conocimientos y aptitudes. Por ejemplo,
en los Estados Unidos, en el decenio de 1980, el ingreso
recibido gracias a los conocimientos y aptitudes (mediante
el pago de sueldos y salarios) fue 14 veces mayor que el
obtenido por el capital físico (mediante el pago
de dividendos y utilidades no distribuidas de las empresas).
Este fenómeno llevó a los economistas a admitir
la existencia del capital
humano.
Educación
y capital humano
La
mayor parte del capital humano se forma con la educación
o la capacitación, que incrementan la productividad
económica de una persona, es decir, le permiten obtener
ingresos más altos. Los gobiernos, los trabajadores
y los empleadores invierten en capital humano dedicando
dinero y tiempo a la educación y la capacitación
(acumulación de conocimientos y aptitudes). Como
toda otra inversión, la inversión en capital
humano exige sacrificios. La gente estÁde acuerdo
en realizarlos si considera que, a cambio, va a obtener
mayores ingresos en el futuro.
Los gobiernos gastan fondos públicos en educación
porque creen que una población con mejor educación
contribuirÁa un desarrollo más rápido.
Los empleadores pagan la capacitación de sus empleados
porque esperan cubrir el costo correspondiente y obtener
ganancias adicionales al aumentar la productividad.
Y muchas personas están dispuestas a destinar tiempo
y dinero a la educación y la capacitación
porque, en la mayoría de los países, quienes
tienen mejor educación y conocimientos especializados
ganan más. La gente educada y especializada suele
estar en condiciones de producir más o de generar
una producción más valiosa en el mercado;
los empleadores generalmente lo reconocen así al
pagarles salarios más altos.
Sin embargo, los beneficios económicos de la educación
no son uniformes. Pueden ser menores si:
- La
calidad de la educación es deficiente o los conocimientos
y las aptitudes adquiridos en la escuela no coinciden
con la demanda del mercado. En este caso, las inversiones
en capital humano no han sido lo bastante eficientes,
lo que da por resultado menos capital humano y menos beneficios
para los individuos y la sociedad.
- La
demanda de capital humano es insuficiente debido a la
lentitud del crecimiento económico. En este caso,
es probable que el capital humano de los trabajadores
se vea desaprovechado y mal remunerado.
- Deliberadamente
se abonan salarios similares a trabajadores con distintos
niveles de educación y aptitudes, a fin de mantener
una relativa igualdad en las remuneraciones; es lo que
solía suceder, por ejemplo, en los países
con economía de planificación centralizada.
Estas distorsiones de los salarios relativos se están
eliminando en la transición de esos países
hacia una economía de mercado.
La
riqueza del capital humano y su ritmo de aumento son cruciales
para el nivel y la velocidad del desarrollo económico
de un país, fundamentalmente porque el capital humano
es el principal factor determinante de la capacidad de un
país para producir y adoptar innovaciones tecnológicas.
La inversión en capital humano, si bien es extremadamente
importante, no basta para lograr un rápido crecimiento
económico: debe ir acompañada de una estrategia
de desarrollo acertada.
Analicemos los casos de Filipinas y Viet Nam, donde la alfabetización
de los adultos es mayor que en la mayoría de los
demás países del sudeste asiático (véase
el Cuadro de datos 2). No obstante,
hasta hace poco tiempo, el crecimiento de esos dos países
era relativamente lento, en gran medida porque sus estrategias
de desarrollo les impedían aprovechar plenamente
la riqueza de su capital humano. En Viet Nam, la planificación
centralizada era responsable de esa situación, mientras
que en Filipinas el problema radicaba en que la economía
del país estaba aislada de los mercados mundiales.
En los últimos años, sin embargo, ambos países
han obtenido rendimientos de sus inversiones en capital
humano: Viet Nam, adoptando un modelo de desarrollo más
cercano a la economía de mercado y mejorando radicalmente
su tasa de crecimiento; y Filipinas, "exportando" muchos
de sus trabajadores capacitados e "importando" las ganancias
en divisas que éstos producen.
La mayoría de los gobiernos estÁdesempeñando
un papel cada vez más activo como proveedor de educación
(Mapa 7.1 y Cuadro
de datos 2 Las diferencias en el gasto público
en educación (en relación con el PIB) entre
un país y otro reflejan las diferencias en los esfuerzos
de cada Estado por aumentar el capital humano. Los gobiernos
de los países en desarrollo destinan una proporción
mayor de su PIB a la educación en la actualidad que
en 1980. Sin embargo, dicha proporción sigue siendo
menor que la que dedican los países desarrollados:
3,4% del PIB en los países de ingreso bajo y 4,4%
en los países de ingreso mediano, frente al 5,6%
en los países de ingreso alto. Utilizando los Cuadros
de datos 1 y 2, se puede calcular la diferencia absoluta
entre el gasto público per cápita en educación
en los países desarrollados y en desarrollo, que
representa una importante manifestación del círculo
vicioso de la pobreza descrito en el Capítulo
6: el bajo ingreso per cápita dificulta las inversiones
en capital humano (y en capital físico), la productividad
aumenta entonces con gran lentitud y ello impide que haya
mejoras de importancia en el ingreso per cápita.
Sin
embargo, la información sobre el gasto público
en educación no presenta un panorama completo de
la inversión en capital humano, porque en muchos
países el gasto privado en este rubro es considerable.
En todo el mundo, la diferencia entre el gasto público
y el gasto privado en educación varía enormemente
y, al parecer, no guarda relación con el ingreso
medio de los países. Entre los países de ingreso
bajo, por ejemplo, la proporción del gasto privado
en educación oscila entre el 20%, aproximadamente,
registrado en Sri Lanka, hasta el 60% en Uganda y Viet Nam,
mientras que en los países de ingreso alto va desde
el 5% en Austria hasta el 50% en Suiza.
Hay, no obstante, cierto patrón en el equilibrio
entre gasto público y privado en distintos niveles
de educación. La mayoría de los gobiernos
proporcionan, en forma gratuita, instrucción primaria
y, en algunos casos, secundaria, porque consideran que no
sólo las propias personas sino todo el país
se beneficia notablemente cuando la mayoría de los
ciudadanos sabe leer, escribir y participar plenamente en
la vida Sociales y económica. Al mismo tiempo, las
instituciones de educación terciaria, tanto privadas
como públicas, suelen ser de pago, porque se cree
que son los graduados quienes recogen los mayores beneficios
derivados de este nivel de educación (a través
del aumento de sus ingresos futuros), antes que la sociedad
en su conjunto.
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