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Para
comenzar a entender cómo es la vida en un país
—para saber, por ejemplo, cuántos de sus habitantes
son pobres— no basta con conocer su ingreso per cápita.
El número de pobres de un país y la calidad
de vida también dependen de la igualdad —o
la desigualdad— en la distribución del ingreso.
Desigualdad
en la distribución del ingreso: comparación
entre países
En
el Brasil y Hungría, por ejemplo, los niveles de
PNB per cápita son bastante similares, pero en el
Brasil la incidencia de la pobreza es mucho más alta.
Esta situación se puede explicar con la ayuda del
Gráfico 5.1, donde se observan
los porcentajes del ingreso nacional recibido por percentiles
iguales de individuos u hogares ordenados según su
nivel de ingresos. En Hungría, el 20% (quintil) más
rico de la población recibe aproximadamente 4 veces
más que el quintil más pobre, mientras que,
en el Brasil, el porcentaje que obtiene el quintil más
rico supera en más de 30 veces al que recibe el quintil
más pobre.
Esa
relación es, como promedio, del orden de 6:1 en los
países de ingreso alto. En el mundo en desarrollo,
la desigualdad, medida de la misma manera, varía
según la región: es de 4:1 en Asia meridional;
6:1 en Asia oriental y Oriente Medio y Norte de África;
10:1 en África al sur del Sahara, y 12:1 en América
Latina.
Para
medir la desigualdad en la distribución del ingreso
de un país y compararla con mayor exactitud con la
de otros países, los economistas utilizan las curvas
de Lorenz y los índices de Gini. La curva de Lorenz
relaciona los porcentajes acumulados del total de ingresos
recibidos con los porcentajes acumulados de individuos o
familias que reciben dichos ingresos, comenzando con los
más pobres (Gráfico 5.2).
¿Cómo se construye?
En
primer lugar, los economistas ordenan todos los individuos
o familias de un país de acuerdo con su nivel de
ingresos, de los más pobres a los más ricos.
Luego los dividen en 5 grupos (20% en cada uno) o en 10
grupos (10% en cada uno), y el ingreso de cada grupo se
calcula y se expresa como porcentaje del PIB (véase
el Gráfico 5.1). Después,
los economistas representan la proporción del PIB
recibida por estos grupos, en forma acumulada, es decir,
representan la participación del quintil más
pobre en el ingreso contra el 20% de la población,
la participación del quintil más pobre y el
quintil siguiente (el cuarto) en el ingreso contra el 40%
de la población, y así sucesivamente, hasta
que representan la participación total de los cinco
quintiles (igual al 100%) contra el 100% de la población.
Al unir todos los puntos del gráfico, partiendo del
0% del ingreso recibido por el 0% de la población,
obtienen la curva de Lorenz del país.
Cuanto
más pronunciada sea la curva de Lorenz, mayor serÁla
desigualdad de la distribución del ingreso del país.
Para comparar, véase en el Gráfico
5.2 la "curva" de la distribución absolutamente
igualitaria, según la cual el primer 20% de la población
recibiría exactamente el 20% del ingreso, el 40%
de la población recibiría el 40% del ingreso,
y así sucesivamente. En este caso, la curva de Lorenz
correspondiente sería una línea recta que
partiría del ángulo inferior izquierdo del
gráfico (x = 0%, y = 0%) hacia el ángulo superior
derecho (x = 100%, y = 100%). En el Gráfico
5.2 se observa que la curva de Lorenz del Brasil se
aleja mucho más de la línea hipotética
de la igualdad absoluta que la curva correspondiente a Hungría,
lo que significa que, en el Brasil, la desigualdad de ingresos
es mayor.
Cuando
se trata de comparar la desigualdad en la distribución
del ingreso en distintos países, resulta más
acertado utilizar el índice de Gini, que se calcula
como la superficie entre una curva de Lorenz y la línea
de la igualdad absoluta, expresada como porcentaje del triángulo
ubicado debajo de la línea (véanse las dos
superficies sombreadas en el (Gráfico
5.2). Así, un índice de Gini del 0% representa
la igualdad perfecta: la curva de Lorenz coincide con la
línea de la igualdad absoluta. Un índice de
Gini del 100% supone la desigualdad perfecta: la curva de
Lorenz coincide con el eje de las x y sube perpendicularmente
en el último valor de x (es decir, la familia o el
individuo más ricos; véase la línea
punteada gruesa del Gráfico 5.2).
En realidad, ni la igualdad perfecta ni la desigualdad perfecta
son posibles. Por ello, los índices de Gini son siempre
mayores que 0% pero menores que 100% (véase el Gráfico
5.3 y el Cuadro de datos 1).
Costos
y beneficios de la desigualdad del ingreso
¿La
desigualdad de la distribución del ingreso es beneficiosa
o perjudicial para el desarrollo de un país? Hay
opiniones diferentes sobre la distribución óptima;
algunos consideran, por ejemplo, que el índice de
Gini debería ser cercano al 25% (como en Suecia);
otros, al 40% (como en los Estados Unidos). Examinemos los
siguientes argumentos.

Una
distribución muy aproximada a la igualdad absoluta
puede resultar negativa para la eficiencia económica.
Veamos, por ejemplo, la experiencia de los países
Socialesistas, donde la reducción deliberada y pronunciada
de la desigualdad (sin ganancias privadas y con diferencias
mínimas en sueldos y salarios) eliminó los
incentivos que la gente necesitaba para participar activamente
en la economía y trabajar con diligencia y espíritu
emprendedor. La nivelación Socialesista de los ingresos
tuvo por consecuencia el relajamiento de la disciplina y
el debilitamiento de la iniciativa de los trabajadores;
la mala calidad y la escasa variedad de bienes y servicios;
la lentitud del progreso técnico y, finalmente, la
desaceleración del crecimiento económico,
lo que desembocó en una mayor pobreza.
Por otra parte, la desigualdad excesiva afecta la calidad
de vida de la gente, pues aumenta la incidencia de la pobreza
y, de este modo, obstaculiza las mejoras en materia de salud
y educación y favorece el delito. También
se deben considerar los efectos que una marcada desigualdad
en la distribución del ingreso provoca en algunos
factores importantes del crecimiento
económico:
- Una
gran desigualdad pone en peligro la estabilidad política
de un país, porque la cantidad de gente que estÁdisconforme
con su situación económica aumenta, lo que
dificulta el consenso político entre los grupos
de población de ingresos más altos y más
bajos. La inestabilidad política incrementa los
riesgos que supone invertir en un país, cuyo potencial
de desarrollo se ve así seriamente perjudicado
(véase el Capítulo
6).
- Una
gran desigualdad limita el uso de importantes instrumentos
de mercado, como las modificaciones de precios y las multas.
Por ejemplo, es posible que, aumentando las tarifas de
electricidad y agua caliente, se promueva el uso eficiente
de la energía (véase el Capítulo
15), pero si existe una desigualdad muy pronunciada,
el menor incremento de las tarifas puede significar enormes
privaciones para los ciudadanos más pobres.
- Una
gran desigualdad puede desalentar determinadas normas
básicas de comportamiento entre los agentes económicos
(individuos o empresas), como la confianza y el compromiso.
Si los riesgos comerciales son altos y resulta costoso
hacer cumplir los contratos, todas las transacciones económicas
serán más lentas, lo cual, a su vez, dificultarÁel
desarrollo económico.
Éstas
son algunas de las razones por las cuales expertos internacionales
recomiendan reducir la desigualdad de la distribución
del ingreso en los países en desarrollo, a fin de
ayudar a acelerar el desarrollo económico y humano.
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