Coaliciones Para El Cambio
Discurso ante la Junta de Gobernadores
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suitable for printing or reading offline: jdwsp-es.pdf (130K)Tengo sumo placer en darles la bienvenida a estas Reuniones Anuales del Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Quisiera expresar mi reconocimiento al Presidente, Mahesh Acharya, cuya labor en Nepal demuestra una profunda comprensión de muchos de los problemas que quiero abordar hoy, así como también a mi colega y amigo Michel Camdessus, con el que mantengo una colaboración cada vez más estrecha. Deseo también felicitar al destacado equipo que dirige.
Señor Presidente, he tenido el privilegio de dirigirme a usted en cuatro ocasiones anteriores.
En 1995 me referí al desafío del desarrollo, a la necesidad de educar a las niñas y de abordar la carga de la deuda. Señalé la necesidad de que el Banco se reorganizara internamente; de que mostrara renovado vigor en establecer asociaciones con otras instituciones de ayuda oficial y de desarrollo, con la sociedad civil y el sector privado; de que escuchara más atentamente a los gobiernos y los habitantes de los países a los que prestamos nuestros servicios y colaborara con ellos.
En 1996, hice hincapié en nuestra función como Banco de conocimientos. También me referí al "cáncer de la corrupción". El Banco se comprometió a unirse a los gobiernos interesados en su lucha contra la corrupción donde la hubiera. Desde entonces hemos impulsado decididamente esas actividades.
Ese mismo año, más adelante, junto con nuestros asociados en el FMI, elaboramos nuestro mecanismo de condonación de la deuda de los países más pobres. La Iniciativa para los PPME ha representado una gran novedad y en estas reuniones, de acuerdo con los cambios propuestos en la Cumbre de Colonia, se ha seguido avanzando en ese sentido.
En 1997, hablé del "desafío de la inclusión", de la necesidad de pensar en el desarrollo en términos humanos y de que los más vulnerables dejaran de estar al margen de la sociedad para ocupar un lugar central.
Hace un año, cuando nuestra preocupación fundamental era la crisis financiera de Asia, me referí a "la otra crisis", la crisis humana de los condenados a la pobreza, así como la de los que habían llegado a concebir esperanzas que luego quedaron defraudadas. Hablé de la función especial de nuestra institución para hacer frente a los efectos de la crisis en las personas y de la urgente necesidad de ir más allá de las soluciones financieras, de considerar los aspectos sociales y estructurales junto con los macroeconómicos.
Señor Presidente, hoy, al reunirnos un año más tarde, es tentador refugiarse en el consuelo de que la crisis financiera ha pasado, aunque para millones esa otra crisis aún persiste.
Es tentador postergar las reformas necesarias, aunque para millones de personas estas reformas siguen siendo importantes. Es tentador hablar de un paso seguro, aunque millones de pobres y desempleados siguen sin vislumbrar un puerto de salvación.
Nos reunimos hoy en el umbral del nuevo milenio. Debemos hacer inventario y plantearnos algunos interrogantes fundamentales. ¿Aprovecharemos la oportunidad para proponer metas más ambiciosas en nuestra búsqueda de un mundo mejor? ¿Empezaremos a juzgar nuestros esfuerzos tomando
como medida no la prosperidad de unos pocos sino las necesidades de la mayoría? ¿Estaremos preparados para asumir la responsabilidad y hacer los esfuerzos necesarios por lograr el cambio?
¿Cómo es el mundo del milenio que se presenta ante nuestra vista?
Un mundo donde la esperanza de vida ha aumentado en 40 años más que en los 4.000 años anteriores. Un mundo en el que la revolución de las comunicaciones encierra la promesa del acceso universal a los conocimientos. Un mundo en el que la cultura democrática ha representado nuevas oportunidades para muchos. Un mundo en el que 5.700 millones de personas viven en una economía de mercado, frente a los 2.900 millones de hace 20 años.
Pero, si observamos con mayor detenimiento, vemos una realidad distinta.
Este año los ingresos per cápita se estancarán o disminuirán en todas las regiones, excepto Asia oriental y meridional. En los países en desarrollo, con excepción de China, las personas que viven en la pobreza son ahora 100 millones más que hace un decenio. Al menos en 10 países de África el azote del SIDA ha reducido la esperanza de vida en 17 años. En el mundo hay más de 33 millones de casos de SIDA, 22 millones de ellos en África. Hay todavía 1.500 millones de personas que carecen de acceso a agua potable y 2,4 millones de niños que mueren al año como consecuencia de enfermedades transmitidas por el agua; 125 millones de niños aún no asisten a la escuela primaria; 1,8 millones de personas mueren anualmente por la contaminación del aire en locales cerrados. La diferencia entre los niveles de información es cada día mayor. Finalmente, los bosques se están destruyendo a razón de 0,4 hectáreas por segundo.
Señor Presidente, el panorama que se abre ante nosotros presenta grandes contrastes y notables desafíos. Pero en este momento de la historia podemos emprender un nuevo rumbo hacia un mundo en que haya más paz, equidad y seguridad. No es momento de mero análisis, sino de acción.
Mis colegas y yo decidimos que, para trazar nuestro propio camino hacia el futuro, necesitamos conocer mejor a nuestros clientes como personas. Iniciamos un estudio titulado "Voces de los pobres" y conversamos con ellos acerca de sus esperanzas, aspiraciones y realidades. Equipos del Banco y de nuestras ONG asociadas han recogido la voz de 60.000 hombres y mujeres pobres de 60 países. Quiero compartir con usted nuestras observaciones.
La pobreza no es sólo un problema de falta de ingreso. Los pobres buscan una sensación de bienestar, bienestar que es tranquilidad de espíritu, buena salud, sensación de pertenencia a la comunidad y de seguridad. Es capacidad de decisión y libertad, además de una fuente segura de ingresos.
Bienestar es tener la posibilidad de aprovechar las nuevas oportunidades económicas, algo que para los pobres resulta mucho más difícil que hace un decenio.
El bienestar es seguridad personal. Ahora son más las mujeres las que trabajan fuera del hogar para poder sobrevivir. Pero en los hogares continúa la diferencia entre el hombre y la mujer, y la violencia doméstica es un mal cada vez más extendido.
La corrupción es una realidad cotidiana para los pobres que tratan de tener acceso a los servicios públicos y de ganarse la vida.
¿Qué es, señor Presidente, lo que los pobres responden cuando se les pregunta qué es lo que representaría el mayor cambio en su vida? Su respuesta es: organizaciones propias para poder negociar con el gobierno, con los comerciantes y con las organizaciones no gubernamentales. Asistencia directa mediante programas impulsados por las comunidades, para que puedan elegir su propio destino. Propiedad local de los fondos, para que puedan poner freno a la corrupción. Quieren que las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos les den cuenta de lo que hacen.
Quisiera describir su mundo, en sus propias palabras.
Una anciana de África: "Una vida mejor para mí es tener salud, paz y cariño y no pasar hambre."
Un hombre de mediana edad de Europa oriental: "Estar bien es saber lo que me va a pasar mañana."
Un joven de Oriente Medio: "Nadie es capaz de transmitir nuestros problemas. ¿Quién nos representa? Nadie."
Una mujer de América Latina: "No sé en quién confiar; la policía o los criminales. Nuestra seguridad pública somos nosotros mismos. Trabajamos y luego nos encerramos."
Una madre en Asia meridional: "Cuando mi hijo me pide algo para comer, le digo que el arroz se está cocinando y mientras tanto se queda dormido por el hambre, porque no tengo arroz para darle."
Éstas son voces sonoras, una demostración de dignidad. Muchas de ellas representan a una nueva generación interesada en retener el control de su vida. Estas personas son un activo en lugar de objeto de actos de caridad. Con oportunidades y esperanza, ellos pueden construir su futuro. Hablan de seguridad, de una vida mejor para sus hijos, de paz, familia y ausencia de ansiedad y miedo.
Mientras estamos cómodamente sentados en la ciudad de Washington, debemos escuchar sus aspiraciones, que son las de todos nosotros.
No, la crisis no está superada, señor Presidente. El desafío no ha hecho más que comenzar. El mes que viene, la población mundial llegará a ser de 6.000 millones de personas. Si se mantienen las tendencias actuales, no alcanzaremos la meta de desarrollo internacional de reducir la pobreza a la mitad ni la meta de conseguir la educación primaria universal para el año 2015. Si continúan las actuales tendencias, no alcanzaremos la meta de desarrollo internacional de invertir la pérdida actual de recursos ecológicos tanto a nivel nacional como mundial para esa fecha. En 25 años los 6.000 millones de habitantes actuales de nuestro planeta serán 8.000 millones. De esos 6.000 millones de habitantes actuales, 3.000 millones subsisten con menos de US$2 diarios y 1.300 millones, con menos de US$1 al día. Estas estadísticas sin precedentes pueden elevarse a 4.000 millones y 1.800 millones, respectivamente. No podemos dejar este legado a nuestros hijos.
Es probable que se multiplique el número de conflictos, que se deteriore la calidad del medio ambiente, y que se agranden las diferencias entre ricos y pobres.
Las voces de los pobres resonarán con mayor fuerza, pero ¿se tendrán en cuenta?
Señor Presidente, ¿qué hemos aprendido acerca del desarrollo? Hemos aprendido que el desarrollo es posible pero no inevitable; que el crecimiento es esencial pero no suficiente para asegurar la reducción de la pobreza.
Hemos aprendido que debemos dar al problema de la pobreza un lugar central. Hemos aprendido que debemos colocar los aspectos sociales y estructurales en pie de igualdad con los macroeconómicos y financieros.
Hemos aprendido, señor Presidente, que, para que el desarrollo sea real y eficaz, es preciso que a nivel local haya identificación y participación. Ha pasado ya la época en que las medidas de desarrollo podían tratarse a puerta cerrada en Washington, en las capitales de los países occidentales o en cualquier capital del mundo.
En una reunión celebrada recientemente en Estocolmo con el fin de evaluar los progresos relativos al Marco Integral de Desarrollo (MID), el Presidente Mkapa de Tanzanía expresó lo siguiente: "La identificación con las políticas y programas de desarrollo no sólo es un anhelo comprensiblemente nacionalista, y un derecho inherente y soberano, sino que crea también una disposición más entusiasta y condiciones más propicias para trabajar con afán y en bien del propio desarrollo, tanto a nivel nacional como local."
"Nuestro pueblo debe recibir aliento y facilidades", declaró, "para poder ocuparse de su propio desarrollo: ser no sólo beneficiario, sino protagonista de su propio desarrollo".
Debemos escuchar este llamamiento a la hora de planear nuestros programas de desarrollo en los años venideros. Pero debemos ir más allá. Hemos de reconocer la labor que podemos realizar para no estorbar sino ayudar a esos protagonistas de su propio desarrollo, coordinando para ello mejor nuestras propias actividades. Es lamentable que cada año Tanzanía tenga que preparar 2.400 informes trimestrales para sus donantes. Es lamentable que Tanzanía tenga que recibir 1.000 misiones de donantes al año. Y Tanzanía no es el único caso, en absoluto.
¿Qué podemos hacer? Señor Presidente, fue precisamente el convencimiento de la necesidad de coordinar mejor nuestros esfuerzos, de reconocer el carácter integral del desarrollo y de poner en el timón a los propios países, lo que nos llevó a poner en marcha este año el Marco Integral de Desarrollo.
Nuestro objetivo era sencillo: incorporar los aspectos sociales y estructurales del desarrollo a las dimensiones macroeconómicas y financieras, para formular de esa manera un enfoque más equilibrado y eficaz; reunir a todos los interesados para conseguir así un efecto multiplicador en todas nuestras actividades; conseguir la colaboración de todos los interesados en el desarrollo: las Naciones Unidas, la Unión Europea, las organizaciones bilaterales, los bancos regionales de desarrollo y la sociedad civil y el sector privado para construir una nueva generación de asociaciones auténticas.
¿Cuáles han sido los resultados obtenidos hasta la fecha? Junto con nuestros asociados, estamos aplicando el Marco Integral de Desarrollo en forma experimental en 13 países. Estamos aprendiendo a cooperar y coordinar mejor nuestra labor a nivel local.
Tras las conversaciones que hemos sostenido con muchos ministros, creo que ahora el MID goza de un amplio respaldo. Este nuevo Marco no es un plan detallado, señor Presidente, sino un proceso para poder llegar a un desarrollo a largo plazo y basado en los resultados, bajo la dirección del país y en asociación con toda la comunidad del desarrollo.
En breve, el Comité de Asistencia para el Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos presentará su informe sobre el examen de las iniciativas bilaterales y multilaterales similares al MID, y su conclusión será que se reconoce y acepta ampliamente la necesidad de trabajar en colaboración y de coordinar mejor todos los esfuerzos.
Me complace también sobremanera el acuerdo histórico que hemos alcanzado con el Fondo Monetario Internacional para aplicar una Estrategia común de reducción de la pobreza, elaborada conjuntamente con los gobiernos a quienes prestamos nuestros servicios. Adoptaremos un enfoque equilibrado que vincule los parámetros macroeconómicos y financieros con los aspectos humanos, estructurales y sociales, en un documento que orientará los programas de cada institución.
No obstante, señor Presidente, en el transcurso de los últimos 12 meses, creo que hemos aprendido algo más. Hemos comprobado que las causas de las crisis financieras y de la pobreza son las mismas. Los países pueden implantar políticas fiscales y monetarias acertadas, pero si no existe una buena gestión de gobierno, si no encaran el problema de la corrupción; si no cuentan con un sistema jurídico completo que proteja los derechos humanos, los derechos de propiedad y los contratos, que establezca un marco para las leyes sobre quiebras y un sistema tributario previsible; si no poseen un sistema financiero transparente y bien reglamentado, ni cuentan con una reglamentación adecuada y su comportamiento es poco transparente, el proceso de desarrollo estará viciado desde la base y no perdurará.
¿De qué valen los códigos legales si los jueces son corruptos, si los pobres y los grupos más vulnerables sólo pueden esperar brutalidad de las fuerzas policiales?
¿De qué sirve la protección constitucional si las mujeres sufren discriminación en el mercado y violencia en el hogar?
¿De qué vale la inversión extranjera, si no existen normas de contabilidad ni requisitos en materia de transparencia, si no hay legislación en materia de contratos ni un sistema impositivo previsible ni justo?
¿De qué sirve la privatización si no existen redes de protección social que permitan paliar el desempleo, ni reglas que protejan al público frente a los monopolios privados?
Los vacíos que existen en la esfera del desarrollo institucional y en el sistema de gobierno y la ausencia de personal con remuneraciones adecuadas y justas representan un grave peligro para la formulación de políticas, la prestación de servicios y la responsabilidad.
Señor Presidente, nuestra experiencia general y los programas experimentales del MID nos han permitido comprobar que la primera prioridad en nuestra batalla para reducir la pobreza es el fortalecimiento de la organización, la capacidad humana y la estructura del Estado, tanto a nivel central como en el plano local. Hemos aprendido que, al programar los pasos sucesivos previstos en el MID, debemos hacer todo lo posible por mejorar el sistema de gobierno y desarrollar las capacidades en la administración pública y la sociedad civil.
Esta determinación se confirma en una reciente encuesta del PNUD entre 150 coordinadores residentes. Más de la mitad de los encuestados atribuyó la máxima prioridad a la necesidad de fortalecer la función de gobierno y desarrollar las capacidades. También la respalda una encuesta realizada recientemente entre más de 3.600 empresas privadas de 69 países, en la que se señalaba la necesidad de contar con instituciones sólidas y de establecer reglamentos. Encuentra confirmación en nuestras propias consultas con las personas de escasos recursos que repitieron las mismas quejas una y otra vez: demasiada corrupción, demasiada violencia, demasiada impotencia y debilidad. Lo que desean es un sistema que les ofrezca equidad y el derecho a opinar. Y, si no lo pueden conseguir con las votaciones o a través del Estado, lo quieren por intermedio de su organización informal fuera de la esfera del gobierno.
¿Qué haría falta para avanzar verdaderamente de la impotencia a una cultura democrática? ¿Qué haría falta para avanzar de la debilidad a la capacidad de acción? Qué haría falta para pasar de la violencia a la paz y la equidad?
Sobre todo, lo que se necesitará es un auténtico compromiso de los dirigentes de cada país, tanto de los líderes elegidos como de los que cuentan con poder e influencia financiera.
Hará falta una disposición a reformar los sistemas de gobierno, los reglamentos e instituciones, y el firme apoyo al fortalecimiento de la capacidad. Harán falta fuerzas policiales que se perciban no como agentes de opresión, sino como una fuente de protección y seguridad. Harán falta instituciones locales sólidas que permitan acercar el gobierno a los pobres. Hará falta dar a la población local los medios para diseñar y aplicar sus propios programas, pues la corrupción disminuye enormemente cuando las comunidades administran sus propios recursos.
Ya sea que el problema se mire desde el punto de vista del gobierno o de la comunidad, a través del prisma de la crisis financiera o de las necesidades de las personas, ya sea que consultemos a los inversionistas, a los banqueros o a los desposeídos, la gestión de gobierno y la capacidad aparecen siempre en primer plano. Si bien la reducción de la pobreza constituye el objetivo fundamental y central de nuestro programa de trabajo, nuestra preocupación inmediata ha de ser la gestión de gobierno, las instituciones y el fortalecimiento de las capacidades.
Hay estudios que ya demuestran lo que ciertamente sabíamos por intuición: una buena gestión de gobierno va asociada a un mayor PNB per cápita, una tasa más elevada de alfabetismo de adultos y una tasa más baja de mortalidad infantil. El mal gobierno corrupción, delincuencia y la falta de responsabilidad y transparencia es el principal obstáculo para el desarrollo y para la reducción de la pobreza. Un sistema de gobierno débil pone en peligro la Iniciativa para los PPME, que sólo dará resultado si los recursos que se liberen se utilizan específicamente para reducir la pobreza. Con una gestión de gobierno deficiente no habrá progresos en materia de educación, salud, abastecimiento de agua, energía o desarrollo rural y urbano. Una mala gestión de gobierno amenaza con marginar económicamente a países y pueblos enteros. Y los mantendrá así por mucho tiempo. Efectivamente, si el financiamiento sólo es eficaz en los países que aplican políticas acertadas y cuentan con instituciones adecuadas, ¿quién concederá préstamos a los países con un desempeño deficiente?
Para el futuro, en el Banco nos proponemos conceder gran importancia a la colaboración con los gobiernos para fortalecer su estructura y la gestión de los asuntos públicos.
¿Tenemos todas las respuestas? No. ¿Tenemos todos los conocimientos necesarios? Es evidente que no. La única forma en que podemos salir adelante es mediante la asociación de esfuerzos con otras entidades interesadas en el desarrollo, con inclusión de la sociedad civil y el sector privado. En los próximos meses nos reuniremos con el PNUD, que cuenta con especiales conocimientos y experiencia en esa área, y con otras instituciones para examinar lo que cada cual está haciendo con respecto a la gestión de gobierno y el fortalecimiento de capacidades. Evaluaremos los puntos fuertes y la experiencia que cada uno puede aportar, y decidiremos las medidas que se podrían tomar para seguir avanzando juntos.
Señor Presidente, para llevar a cabo un programa como éste debemos concentrarnos en los aspectos interrelacionados de los sistemas que dan buenos resultados y que permiten el funcionamiento eficaz de una sociedad. Tenemos que centrar la atención en sistemas de gestión pública adecuados que cuenten con mecanismos de frenos y contrapesos, y las autoridades deben emprender la lucha contra la corrupción.
Es necesario establecer sistemas legales y judiciales que protejan los derechos de los ciudadanos y sus esfuerzos, que transciendan los grandes pactos del sector público y privado. La corrupción es un problema fundamental en la lucha contra la pobreza, ya que despoja a los pobres de lo poco que tienen.
Debemos prestar especial atención a unos sistemas financieros y bancarios que inspiren el mismo grado de confianza a los inversionistas internacionales y a los campesinos que cuentan con unos pequeños ahorros, en particular las mujeres. Tenemos que contar con procedimientos modernos de gestión de empresas, con inclusión de las políticas de contabilidad, auditoría y transparencia en los niveles más elevados. Tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en crear planes de microcrédito y de financiamiento para pequeñas y medianas empresas, que funcionen tanto durante las crisis como en tiempos normales.
Debemos formar funcionarios públicos y dirigentes civiles bien organizados y motivados que tengan presente el sentido del trabajo que realizan para sus comunidades. Y, señor Presidente, debemos recordar que esta capacitación depende a su vez de la existencia de un sistema eficaz de enseñanza y aprendizaje. Debemos esforzarnos por establecer instituciones oficiales y civiles sólidas de alcance local, que inspiren confianza. Sin lugar a dudas, la atención a las cuestiones locales es la verdadera clave para una reducción eficaz de la pobreza.
Para crear instituciones con tales características se requiere algo más que la modificación de las reglas formales. También es necesario cambiar las reglas y normas informales; hay que formar a las personas, establecer valores, desarrollar aptitudes y crear incentivos que puedan servir de apoyo a quienes están empeñados en conseguir el cambio.
En África está surgiendo un nuevo modelo, la Asociación para el Fortalecimiento de las Capacidades en África. Se han necesitado dos años para pasar de la idea a la acción. La Asociación es una iniciativa africana, llevada a cabo por africanos. Entraña el apoyo y la colaboración directa del Banco, el FMI, el PNUD y el Banco Africano de Desarrollo, y se basa en una asociación con el sector privado y la sociedad civil. El Banco ha prometido US$150 millones para formar un fondo de apoyo. Todos nos uniremos a nuestros colegas africanos para brindarles nuestros respaldo en un esfuerzo coordinado y urgente para alcanzar sus objetivos.
Pero no podemos olvidar la firme advertencia del Presidente Mkapa. Debemos conseguir personas que puedan ser protagonistas de su propio desarrollo. En el pasado han sido demasiadas las iniciativas de fortalecimiento de la capacidad que han fracasado precisamente por falta de identificación de las comunidades locales.
Señor Presidente, he hablado extensamente acerca de la complejidad que reviste el logro de nuestros objetivos en los países. Sabemos, sin embargo, que las naciones dependen unas de otras. Sabemos que ya no son las únicas dueñas de su destino. Necesitamos normas y comportamientos de alcance mundial. Necesitamos una nueva arquitectura internacional del desarrollo que sea semejante a la nueva arquitectura financiera mundial.
¿En qué podría consistir esa arquitectura internacional del desarrollo?
Antes que nada, sería una coalición basada en la cooperación de todos los participantes las Naciones Unidas, los gobiernos, los organismos multilaterales, el sector privado y la sociedad civil, una coalición entre los destinatarios y donantes y los ciudadanos de los países donantes, una coalición basada en los resultados. La asistencia para el desarrollo debe utilizarse con eficacia, evitando la corrupción y llegando realmente a los pobres. Los votantes desean comprobar que su asistencia sirve para algo. Hay buena voluntad, lo que necesitamos ahora son resultados.
En segundo lugar, sería una coalición que reconociera que, efectivamente, debemos romper las cadenas del endeudamiento, pero que hemos de contar además con los recursos necesarios para ir mucho más allá y romper las cadenas de la pobreza. La condonación de la deuda de los PPME que hemos comunicado es el comienzo de nuestro desafío, no el final.
En tercer lugar, sería una coalición que reconociera que debemos contar con un sistema comercial que dé resultados, gobernado por reglas y normas justas, amplias e integradoras. Una Ronda del Desarrollo para el siglo XXI.
En cuarto lugar, sería una coalición que reconociera que el medio ambiente no conoce fronteras. Debemos aplicar los acuerdos internacionales sobre el cambio climático, la desertificación y la biodiversidad, tal como hicimos con el acuerdo sobre el agotamiento de la capa de ozono. Debemos hacer realidad todos esos convenios y convenciones. Debemos asegurarnos de que el Fondo para el Medio Ambiente Mundial cuente con pleno financiamiento para llevar a cabo su labor.
En quinto lugar, sería una coalición que reconociera el poder de la labor de investigación moderna para democratizar la salud: para encontrar nuevas vacunas que permitan erradicar el SIDA, el paludismo, la tuberculosis y la poliomielitis.
En sexto lugar, sería una coalición que diera a la revolución de la información carácter verdaderamente universal: para reducir la disparidad cada vez mayor de los conocimientos, conectar a todas las economías en desarrollo y en transición con el mundo y entre sí, ser un verdadero vehículo para el intercambio y el aprendizaje mediante satélite, el correo electrónico o la Internet. No cabe duda de que la revolución tecnológica tendrá enormes repercusiones sobre la sustancia del desarrollo.
Señor Presidente, la globalización puede ser algo más que el desencadenamiento de las fuerzas del mercado mundial. Puede ser también el desencadenamiento de nuestros esfuerzos concertados y nuestros conocimientos especializados comunes para alcanzar soluciones de nivel mundial.
Debemos establecer coaliciones para el cambio. Coaliciones con el sector privado que consigan inversiones, creen empleo, promuevan la transferencia de tecnologías y conocimientos prácticos y fomenten la responsabilidad social.
Coaliciones con la sociedad civil y las comunidades para movilizar el tipo de apoyo desde la base que hemos visto en la campaña sobre la deuda, y hacerlo extensivo a la salud, a la educación para todos, a la participación y a la reducción de la pobreza.
Coaliciones con los gobiernos para ayudarles a tomar en sus manos sus propios programas de desarrollo con la participación de sus ciudadanos. Coaliciones entre unos y otros para poner fin a los enfrentamientos fratricidas, a los despilfarros y a las duplicaciones.
Coaliciones con las religiones, los sindicatos, y las fundaciones en beneficio de nuestra labor común. Coaliciones de fidelidad a los siete compromisos de las Naciones Unidas en relación con el desarrollo sostenible, la igualdad entre el hombre y la mujer, la educación, la mortalidad de niños menores de un año, la mortalidad infantil y materna, la salud reproductiva y el medio ambiente.
Comprometo ante ustedes nuestra intención de colaborar con todos nuestros asociados para ayudar a forjar esas coaliciones para el cambio, de modo que, cuando nos reunamos el año próximo en Praga, hayamos comenzado ya a establecer la nueva arquitectura del desarrollo.
Señor Presidente, he descrito un programa complejo. ¿Está el Banco preparándose para hacer frente a este desafío? Creo, sin lugar a dudas, que sí. En lo que se refiere al sistema de gobierno, estamos gastando ya más de US$5.000 millones anuales, en actividades sobre reforma de la administración pública, gestión presupuestaria, administración tributaria, descentralización, reforma jurídica, reforma judicial y fortalecimiento institucional.
Estamos colaborando con más de dos docenas de países en programas de lucha contra la corrupción. Ayudamos a formar jueces, realizamos seminarios públicos nacionales para poner de relieve el problema de la corrupción. Incluso formamos periodistas investigadores, conscientes de que una prensa libre y profesional es la voz de la sociedad.
En lo que respecta a los conocimientos, hemos realizado avances impresionantes en los últimos cuatro años. Nuestro Banco de conocimientos nos acerca cada vez más, gracias al aprendizaje a distancia basado en las conexiones mediante satélite. Hace llegar los conocimientos a lugares remotos, reduciendo las disparidades de la infraestructura de la información, llegando a los estudiantes a través de la Universidad virtual africana y a través de nuestro programa WorldLinks, que conecta a los escolares de los países industrializados con sus hermanos y hermanas de los países en desarrollo.
Tenemos el importante proyecto de eliminar los barrios de tugurios con programas basados en la labor de los habitantes locales, mediante la introducción de títulos de propiedad de la tierra y de proyectos autosuficientes sobre infraestructura. Hemos forjado una poderosa alianza con el Fondo Mundial para la Naturaleza para salvar nuestros bosques; en colaboración con el sector privado, las Naciones Unidas y algunas fundaciones estamos creando una Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización, un Grupo de acción para la vacuna contra el SIDA y una iniciativa sobre el paludismo. Junto con 140 asociados diferentes hemos logrado vencer a la ceguera de los ríos. Este es un ejemplo maravilloso de lo que podemos hacer juntos. Estamos colaborando además con las comunidades locales para forjar asociaciones desde la base hacia arriba, mediante instituciones democráticas locales como en la India. Hemos aprendido que nuestros proyectos mejores y más eficaces son los que tienen una base local y están más próximos a nuestros verdaderos clientes, los pobres de las comunidades rurales y urbanas. Hemos aprendido que la participación y la intervención de la población local son elementos esenciales para nuestra arquitectura.
¿Está el Banco preparado para hacer frente a ese desafío? Creo que contamos con 10.000 funcionarios extraordinariamente competentes y entregados en el Banco, la Corporación Financiera Internacional (CFI) y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (OMGI). Ha sido un año difícil y deseo agradecerles a ellos y a sus familias su valiosa colaboración.
Señor Presidente, nos encontramos en el umbral de un nuevo milenio. ¡Cuántas posibilidades tenemos al alcance de la mano!
¿Tendremos el valor y la iniciativa necesarios para alcanzarlas? ¿Reconoceremos finalmente que vivimos en un solo mundo? Miremos a nuestro alrededor. Estamos unidos por los sistemas financieros, estamos unidos por las comunicaciones..., estamos unidos por el medio ambiente, estamos unidos por el comercio. Las migraciones no conocen fronteras, la delincuencia no conoce fronteras, las drogas, la guerra y la paz no conocen fronteras.
Sólo los presupuestos nacionales, señor Presidente, se detienen en las fronteras. Sólo las elecciones nacionales hacen caso omiso de ese mundo más amplio.
Necesitamos líderes que expliquen a los ciudadanos que nuestros intereses nacionales son internacionales. Debemos reafirmar nuestro compromiso con el desarrollo, un verdadero compromiso de unos con otros, un verdadero compromiso de actuar sobre la base de las generosas declaraciones formuladas por tantos de los líderes de los países industrializados en favor de los países en desarrollo. Debemos hallar modo de cumplir la meta de destinar el 0,7% del PNB a la asistencia oficial para el desarrollo. Por su parte, los líderes de las economías en transición y en desarrollo deben reafirmar su compromiso de cumplir sus promesas de buena gestión de los asuntos públicos, igualdad y crecimiento.
Esos compromisos, señor Presidente, necesitan además un aspecto humano y moral. Debe existir una nueva y ferviente dedicación recíproca al comenzar el próximo siglo. Todos debemos asumir una responsabilidad por la equidad mundial, que es la única garantía de la paz. Cómo no sentirse conmovidos por las observaciones de los pobres a que me referí antes.
Un padre de Europa oriental: "La pobreza es humillación, la sensación de depender de ellos, de verse obligados a aceptar la grosería, los insultos y la indiferencia cuando pedimos ayuda."
Y las palabras de Bashiranbibi, de Asia meridional: "Al comienzo tenía miedo de todo y de todos: de mi esposo, del poblado, de la policía. Hoy día no temo a nadie. Tengo mi propia cuenta bancaria. Soy la jefa del grupo que se encarga de los ahorros en el poblado. Hablo a mis hermanas acerca de nuestro movimiento."
Señor Presidente, debemos mirar hacia adelante, debemos comprometernos a hacer realidad el día en que los pobres del mundo, la juventud esperanzada, los ancianos, los niños de la calle, los discapacitados, los trabajadores rurales, los habitantes de los tugurios, puedan gritar "Hoy no temo a nadie. Hoy no temo a nadie."