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Tasa de Crecimiento de la Población
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Estudio de casos 1: Un día en la vida de una agente viajera de atención sanitaria
Camerún

Estaciono mi motocicleta al pie del cerro y comienzo a subir por el sendero de tierra. Soy una agente viajera de atención sanitaria empleada por el Gobierno de Camerún. Mi trabajo es enseñar los métodos de planificación de la familia a las personas que viven en las zonas rurales remotas de nuestro país. La sesión de hoy tendrá lugar en un nuevo molino de maíz que es parte de una cooperativa administrada por mujeres y financiada por el gobierno. Parece ser la mejor manera de hacer llegar el mensaje a la mayoría de los habitantes, sobre todo a las mujeres, que son las que se ocupan principalmente de los cultivos alimentarios. Pero la planificación de la familia es un tema delicado. Al subir el cerro y caminar hacia el molino, no sé cuántas personas se van a presentar.

Mis temores eran injustificados. Antes de abrir la puerta ya escucho el murmullo de las voces. Unas 15 mujeres, de todas las edades, están sentadas en bancos de madera, algunas de ellas con niños pequeños en el regazo.

"Buenos días", digo. "Me llamo Christy Ngam y vengo del Ministerio de Salud para hablar con ustedes acerca de la planificación de la familia. Después de que nos presentemos voy a darles un breve panorama y a continuación espero que ustedes me cuenten qué piensan y qué les preocupa de este tema. ¿Comenzamos?"

Después de las presentaciones paso la siguiente hora hablando sobre la procreación responsable, el espaciamiento de los nacimientos de los hijos, y de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), como el SIDA. Luego doy por empezada la parte de preguntas y respuestas. Varias participantes levantan la mano. Le hago una seña a Benedicta, una mujer de 40 años, madre de siete hijos, para que comience.

"Yo creo que es mejor tener menos hijos", comienza. "Pero mi hijo el mayor siempre está señalando las mejoras de nuestra aldea --este molino, los caminos que hemos hecho, nuestra escuela nueva-- y dice que tenemos los recursos necesarios aunque seamos más. ¿Qué le digo?"

"Está muy bien sentirse orgullosos del progreso que hemos hecho", responde otra mujer, "pero tu hijo tiene que entender que cuántos más somos más sufre la tierra. En nuestra aldea, con tantas bocas que alimentar, para producir más alimentos tuvimos que talar el bosque. Esto ha ocasionado la erosión del suelo, que es un problema grave. Nosotros somos agricultores y vivimos de la tierra".

Bih, una mujer de unos 25 años, levanta la mano. "Para mi marido es muy importante que tengamos muchos hijos fuertes para que le ayuden a recoger los granos de café. Llevamos cinco años de casados y hasta ahora tenemos dos niñas, pero un solo varón. Si no tenemos más hijos varones, mi marido se va a conseguir otra esposa", agrega, y se le quiebra la voz.

"Para muchos de nosotros, una familia grande es símbolo de éxito, riqueza y prestigio", digo yo. "Pero, si dejamos pasar más tiempo entre un embarazo y otro, nuestros hijos e hijas nacerán más sanos y crecerán también más sanos".

"Yo les dijo a mis hijas: Si esperan más tiempo entre un hijo y otro, les pueden dar más a los que ya nacieron", dice Nambang, una abuela de cabellos blancos vestida con el tradicional kaba, una túnica que le llega hasta los tobillos. "Hay más dinero para comprar alimentos, ropa y medicamentos".

"¡Y educación!" dice Sara, una mujer de unos 35 años. "Yo tengo la esperanza de que una de mis hijas pueda ir a la escuela".

"Si tenemos menos hijos, al morirnos le dejaremos más a cada uno de ellos", agrega Juliana.

"No tendrán que luchar tanto como nosotros para mantener a sus familias".

Yo afirmo entusiasmada con la cabeza. "Sí, lo que dicen es muy cierto. La planificación de la familia es mucho más que tener menos hijos. Contribuye a la salud y al bienestar de toda la familia".

"¿Pero que pasará con nosotras cuando seamos viejas? Si tenemos menos hijos, ¿cómo podemos estar seguras de que alguno de ellos se ocupará de nosotras?", pregunta una mujer de 50 años, madre de 6 hijos.

Yo afirmo entusiasmada con la cabeza. "Sí, lo que dicen es muy cierto. La planificación de la familia es mucho más que tener menos hijos. Contribuye a la salud y al bienestar de toda la familia".

"¿Pero que pasará con nosotras cuando seamos viejas? Si tenemos menos hijos, ¿cómo podemos estar seguras de que alguno de ellos se ocupará de nosotras?", pregunta una mujer de 50 años, madre de 6 hijos.

Yo hago una pausa para estructurar una respuesta, pero Nambang se me adelanta. "Yo tuve 10 hijos, pero sólo cinco viven, y ya son grandes. Así era cuando me casé. Pero en una generación las cosas cambiaron mucho. El proyecto de agua y saneamiento del gobierno nos ha traído agua potable a nuestra comunidad por primera vez. Los niños que nacen hoy en día son más sanos que antes. Ahora que tenemos un centro de salud en la aldea, los bebés se enferman menos. Ya no es necesario tener muchos hijos para que sobrevivan algunos".

Kali, una adolescente con una camiseta de color anaranjado intenso nos cuenta: "Cuando yo era chica, mi madre siempre estaba embarazada o amamantando. Mi hermana mayor hace sólo dos años que está casada y ya está esperando su segundo hijo y, como mi madre, siempre está cansada o enferma".

"¡Qué bueno que lo mencionas!" Mirando a las demás, agrego: "Los embarazos frecuentes pueden dañar la salud de la madre y la calidad de vida de la familia".

Kali hace un gesto de afirmación con la cabeza y dice: "Mi novio y yo nos vamos a casar el mes que viene. Queremos tener una familia, pero también queremos una vida diferente".

"¡Qué suerte que tu novio piense como tú, pero muchos no son como él!", dice Rita. Se pone de pie y se dirige al grupo: "Miren alrededor. ¿Quiénes vinimos hoy? ¡Las mujeres! Somos las únicas que vinimos y sin embargo hace falta un hombre y una mujer para hacer un bebé. ¡Tenemos que encontrar la manera de que los hombres participen, de que entiendan que la planificación de la familia y el cuidado de los hijos no es sólo responsabilidad de las mujeres!".

Se escucha un murmullo y se ven muchos gestos de afirmación con la cabeza en toda la habitación.

"No será fácil", dice Vivian, una mujer de unos 40 años cuyo niño está jugando a sus pies. Sacude la cabeza y dice: "En la última reunión del consejo de la aldea, a algunos de los hombres les molestaba que viniera gente de afuera a meterse en nuestras cosas".

"Entiendo lo que dices", le respondo. "En muchos de los poblados que he visitado, al principio no venía ningún hombre, pero finalmente empezaron a venir". Miro el reloj. "Es hora de comer. Aprendí mucho hablando con ustedes, y espero que a ustedes les haya servido mi visita. Cuando regresemos de la comida, podríamos hablar sobre cómo podemos hacer que participe toda la comunidad, sobre todo los maridos, en estas charlas".

Las mujeres van saliendo de la habitación pero observo que Kali se demora en salir.

"¿Necesitas algo?", le pregunto.

Me observa con una sonrisa tímida. "Quisiera hacer una cita para hablar con usted, para que me explique cómo hacer una cita en el centro sanitario".

Mirándola con una sonrisa, saco mi libro de citas.

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