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El
agua potable se está volviendo escasa
Además
de que algunas regiones del mundo son naturalmente áridas,
las necesidades cada vez mayores de agua, entre las que
a veces hay que elegir cuál satisfacer, están reduciendo
el abastecimiento en todo el mundo. Muchos ríos y cuencas
hidrográficas están contaminados por productos de desechos
industriales, de la agricultura y de origen humano, en tanto
que otras se están secando porque la gente está utilizando
más agua de la que puede reponer la naturaleza. En zonas
de mucha lluvia o con sistemas de riego, las personas pueden
desperdiciar el agua porque les parece que es abundante
o barata, y no saben cuánto cuesta tratar el agua una vez
que es utilizada.
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Conseguir
agua es más difícil --y a menudo más caro-- para las personas
más pobres. En las zonas rurales de los países
en desarrollo, muchas mujeres y niños pasan horas --en
casos extremos, hasta seis u ocho horas-- todos los días
acarreando agua de ríos o pozos. En las ciudades, muchas
personas pobres no tienen agua corriente en sus casas y
deben comprarla u obtenerla de otras fuentes. El Gráfico
3 ilustra un ejemplo de las fuentes de las que obtienen
agua los habitantes de una zona metropolitana urbana de
un país en desarrollo. Puede verse que sólo aproximadamente
la tercera parte de la población tiene agua corriente en
su casa o patio. Las personas que compran agua de otras
fuentes tienen que pagar de tres a diez veces lo que cuesta
el agua corriente.
Además,
el rápido crecimiento de las ciudades en todo el mundo puede
agotar la capacidad de los gobiernos para proporcionar instalaciones
sanitarias adecuadas y, por esa razón, los habitantes, sobre
todo los pobres, tienen que vivir junto a zanjas abiertas
e insalubres de aguas
servidas. Las aguas servidas sin tratar por lo general
también contaminan las reservas de agua más cercanas a las
ciudades, obligando a las comunidades a tender cañerías
para traer agua de zonas cada vez más lejanas a medida que
se amplían las ciudades.
A los
países industriales
también les preocupa cada vez más la calidad y la disponibilidad
de agua. Si bien estos países tienen economías más fuertes
y más capacidad para recolectar, purificar y abastecer de
agua a los ciudadanos, el consumo de agua por habitante
puede ser alto porque la gente lava los automóviles, riega
el césped y convierte a los desiertos en zonas agrícolas,
poblados y ciudades. Se gastan grandes cantidades de dinero
purificando el agua contaminada por desechos
industriales, y desechos provenientes de la producción
de energía, la agricultura y los hogares.
Realidades
de la oferta y la demanda
Para
que la gente pueda tener suficiente abastecimiento de agua
potable debe considerarse una combinación a menudo compleja
de aspectos Socialeses, económicos y ambientales. En los últimos
años, las familias, las industrias, los agricultores y los
gobiernos han comenzado a reconocer que el agua es un bien
económico y no un recurso ilimitado "gratuito". Y al ser
un bien económico, hay una gran variedad de calidad y nivel
de servicios de abastecimiento de agua y saneamiento que
la gente desea y está dispuesta a pagar.
La experiencia
recogida en todo el mundo demuestra que cuando las personas,
aun las más pobres, pueden elegir la calidad de los servicios
de abastecimiento de agua y saneamiento, a menudo están
dispuestas a pagar un precio más alto por una mejor calidad.
Por ejemplo, las personas que no están dispuestas a pagar
por la operación y el mantenimiento de bombas manuales de
baja calidad y letrinas de pozo pueden estar dispuestas
a pagar más por tener un sistema básico de agua corriente
y alcantarillado que funcione razonablemente bien y con
eficiencia.
Por
otra parte, los hogares y las industrias no siempre están
dispuestos a pagar servicios de mejor calidad si consideran
que los que están recibiendo ya son suficientemente buenos.
Por ejemplo, algunas comunidades costeras de Estados Unidos
se han negado a pagar lo que consideran tratamiento innecesario
y costoso de aguas servidas aunque lo exijan las leyes federales
de protección ambiental. En definitiva, al parecer cuando
los miembros de una comunidad --hogares, fábricas, agricultores
y empresas, junto con los científicos y las autoridades
locales-- participan en la toma de decisiones sobre el sistema
más viable de abastecimiento de agua potable y saneamiento,
por lo general todos están más conformes con la calidad
y el precio de estos servicios.
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