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El
capital natural
no estÁdistribuido de manera equitativa entre los
países. Algunos, por ejemplo, tienen suelos fértiles
para dedicar a la agricultura, mientras que otros deben
esforzarse por mejorarlos artificialmente. Algunos países
han descubierto ricos yacimientos de petróleo y
gas en sus territorios, mientras que otros tienen que
importar la mayor parte de los combustibles fósiles
que necesitan. Antiguamente, la escasez o la abundancia
de capital natural representaba una enorme diferencia
para el desarrollo de los países, pero en la actualidad
dicha abundancia no es el principal factor determinante
del desarrollo. Pensemos en países de ingreso alto
como la República de Corea o el Japón. Gracias
a su elevado desarrollo económico pueden utilizar
sus limitados recursos naturales de manera mucho más
productiva (eficiente) que otros países menos desarrollados.
La productividad
con la que los países emplean sus recursos productivos
—el capital
físico, el capital
humano y el capital
natural— se acepta, en general, como el principal
indicador de su nivel de desarrollo
económico.
Teóricamente,
entonces, los economistas que deseen comparar el desarrollo
de distintos países deberían calcular la
productividad con que éstos usan el capital. Pero
un cálculo semejante es extremadamente complejo,
más que nada por la dificultad de dar valor numérico
a elementos del capital natural y humano. En la práctica,
los economistas recurren, en cambio, al producto
nacional bruto (PNB) per cápita o al producto
interno bruto (PIB) per cápita. Estos indicadores
estadísticos son más fáciles de calcular,
proporcionan una medición aproximada de la productividad
relativa con la cual los distintos países emplean
sus recursos y miden el bienestar material relativo en
diferentes países, ya sea que este bienestar provenga
de la suerte de contar con tierras y recursos naturales
o de la mayor productividad con que se utilizan.
El
PIB se calcula como el valor de la producción total
final de todos los bienes y servicios producidos en un
año dentro de las fronteras de un país.
El PNB es el PIB más los ingresos recibidos desde
el exterior por los residentes en el país menos
los ingresos correspondientes a los no residentes.
Hay
dos formas de calcular el PIB y el PNB:
- Sumando
todos los ingresos de la economía (salarios,
intereses, utilidades y rentas).
- Sumando
todos los gastos de la economía (consumo, inversión,
compras de bienes y servicios por parte del Estado y
exportaciones netas [exportaciones menos importaciones]).
En
teoría, de ambas formas se debería llegar
al mismo resultado. Como el gasto de una persona es siempre
el ingreso de otra, la suma de los gastos debe ser igual
a la suma de los ingresos. Cuando los cálculos
incluyen sólo los ingresos recibidos o los gastos
efectuados por los ciudadanos de un país, el resultado
es el PNB. Cuando se calculan todos los ingresos (o todos
los gastos) originados dentro de la frontera de un país,
incluidos los de los ciudadanos extranjeros, el resultado
es el PIB.
El
PNB de un país puede ser muy inferior a su PIB
si gran parte de los ingresos derivados de la producción
se distribuye a personas o empresas extranjeras. Por ejemplo,
en 1994 el PNB de Chile era 5% menor que su PIB. Si ciudadanos
o firmas de un país poseen grandes cantidades de
acciones y bonos de otros Estados o empresas de otros
países y reciben ingresos por ello, el PNB puede
ser superior al PIB. Tal fue el caso de Arabia Saudita
en 1994, cuando el PNB superó al PIB en 7%. Para
la mayoría de los países, sin embargo, la
diferencia entre estos indicadores estadísticos
es insignificante.
El
PIB y el PNB pueden servir como indicadores de la magnitud
de la economía de un país. Pero, para juzgar
su nivel de desarrollo económico, estos indicadores
deben dividirse por el número de habitantes del país.
El PIB
per cápita y el PNB
per cápita señalan la cantidad aproximada
de bienes y servicios que cada persona de un país
podría comprar en un año si los ingresos se
dividieran en partes iguales (Gráfico
2.1). Es por ello que estas mediciones se suelen denominar
también "ingreso per cápita".
En los cuadros de datos que aparecen al final de este libro,
el PNB per cápita se expresa no sólo en dólares
de EE.UU. sino también en dólares PPA, es
decir, ajustados con ayuda de un factor de conversión
de la paridad
del poder adquisitivo (PPA). . El factor de conversión
de la PPA indica el número de unidades de la moneda
de un país necesario para comprar la misma cantidad
de bienes y servicios en el mercado local que se podrían
comprar con un dólar en los Estados Unidos. Al aplicar
este factor de conversión se puede, por ejemplo,
convertir el PNB nominal
per cápita de un país (expresado en dólares
de EE.UU. según el tipo de cambio de mercado de la
moneda nacional) en el PNB real
per cápita (indicador ajustado para tener en cuenta
la diferencia de precios de los mismos bienes y servicios
entre ese país y los Estados Unidos, independientemente
de las fluctuaciones del tipo de cambio de la moneda nacional).
El PNB ajustado en función de la PPA permite comparar
mejor el consumo o los ingresos medios entre distintas economías.
En
los países en desarrollo, el PNB real per cápita
suele ser más alto que el PNB nominal per cápita,
mientras que, en la mayoría de los países
desarrollados, es más bajo (Cuadro
2.1). De ahí que la diferencia entre los ingresos
reales per cápita de los países desarrollados
y de los países en desarrollo sea menor que la diferencia
entre los ingresos nominales per cápita.

Si
bien reflejan el promedio de ingresos de un país,
el PNB per cápita y el PIB per cápita tienen
numerosas limitaciones cuando se trata de medir el bienestar
real de la población. No indican de qué manera
se distribuye el ingreso de un país entre sus habitantes.
No toman en cuenta la contaminación, el deterioro
ambiental y el agotamiento de los recursos. No registran
las tareas no remuneradas que se realizan en los hogares
o las comunidades, ni el trabajo que se lleva a cabo en
la economía
paralela. Atribuyen la misma importancia a los productos
"beneficiosos" (como los medicamentos) que a los "perjudiciales"
(los cigarrillos y las armas químicas, por ejemplo),
y pasan por alto el valor de elementos como el tiempo libre
y la libertad. De ahí que, para juzgar la calidad
de vida relativa en distintos países, también
sea necesario tomar en cuenta otros indicadores que señalan,
por ejemplo, la distribución del ingreso y la incidencia
de la pobreza (Capítulos 5
y 6), la salud y la longevidad
de la población (Capítulo
8), el acceso a la educación (Capítulo
7) y la calidad del medio ambiente (Capítulo
10). Los especialistas utilizan también, para
determinar el desarrollo, indicadores estadísticos
compuestos (Capítulo 16).
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