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Capítulos: Introducción I II III IV V VI VII VIII IX X XI XII XIII XIV XV XVI XVII

Capítulo VIII. Salud y longevidad

Pregunta para Discutir La evolución de la salud de la población de un país se suele seguir utilizando dos indicadores estadísticos: la esperanza de vida al nacer y la mortalidad de niños menores de 5 años. Con frecuencia se dice que estos indicadores miden, en términos generales, la calidad de vida de una población, porque reflejan, indirectamente, muchos aspectos del bienestar de la gente, como el nivel de ingreso y nutrición, la calidad del medio ambiente en que vive y el acceso a la atención de la salud, el agua potable y el saneamiento.

La esperanza de vida al nacer indica el número de años que un bebé recién nacido viviría si las condiciones sanitarias prevalecientes en el momento de su nacimiento permanecieran iguales durante toda su vida. Este indicador no señala cuántos años va a vivir un bebé sino cuánto tiempo tiene probabilidad de vivir un bebé nacido en un año determinado. La tasa de mortalidad de niños menores de 5 años indica el número de niños, de cada 1.000 nacidos vivos, que tienen probabilidad de morir antes de llegar a los 5 años.

Como los niños son más vulnerables a la malnutrición y a las malas condiciones de higiene, entre ellos se registra la proporción más grande de defunciones en la mayoría de los países en desarrollo. Por lo tanto, en el mundo en desarrollo, reducir la mortalidad de menores de 5 años es la forma más efectiva de aumentar la esperanza de vida al nacer.

Tendencias mundiales

Las condiciones de salud en el mundo entero mejoraron más en la segunda mitad del siglo XX que en toda la historia del hombre. La esperanza media de vida al nacer pasó, en los países de ingreso bajo e ingreso mediano, de 40 años en 1950 a 65 años en 1996. En el mismo período y en el mismo grupo de países, la tasa media de mortalidad de niños menores de 5 años descendió de 280 a 80 por 1.000. Pero estos logros están todavía muy lejos de los obtenidos por los países de ingreso alto, donde la esperanza media de vida al nacer es de 77 años y la tasa media de mortalidad de niños menores de 5 años es de 7 por 1.000.

A lo largo del siglo XX, los indicadores nacionales de la esperanza de vida han estado íntimamente relacionados con el PNB per cápita. Si comparamos el Gráfico 8.1 (Esperanza de vida al nacer, 1995) con el Gráfico 2.1 (PNB per cápita, 1995), veremos que, en general, cuanto más alto es el ingreso per cápita de un país, mayor es la esperanza de vida, si bien esta relación no explica todas las diferencias entre regiones y países. (Véase la información por país en los Cuadros de datos 1 y 2). Los otros dos factores que se consideran de gran importancia para aumentar la esperanza de vida nacional y regional son los avances en la tecnología médica (que algunos países aprovechan mejor que otros) y el mejoramiento de los servicios de salud pública y el acceso a ellos (en especial, el abastecimiento de agua potable, el saneamiento y la bromatología). La educación, particularmente de niñas y mujeres, trae aparejados grandes beneficios, porque las esposas y las madres que conocen las ventajas de los estilos de vida sanos son de vital importancia para reducir los riesgos que amenazan la salud de las familias.

Estos otros factores ayudan a explicar el hecho de que la mayor parte de los países en desarrollo se están poniendo a la altura de los países desarrollados en cuanto al estado de salud de la población, a pesar de que les van a la zaga en el ingreso per cápita (véase el Capítulo 4). El progreso de la tecnología médica, los servicios de salud pública y la educación permite ahora a los países traducir un determinado ingreso per cápita en "más salud" que antes. Por ejemplo, en 1900 la esperanza de vida en los Estados Unidos era aproximadamente de 49 años y el ingreso per cápita superaba los $4.000. Actualmente, en África al sur del Sahara la esperanza de vida es de más de 50 años, aun cuando el PNB es inferior a los $500.

En términos generales, en casi todos los países la esperanza de vida al nacer continuó mejorando en los últimos años (véase el Cuadro de datos 2). En los países en desarrollo, ello obedeció, en gran medida, a la marcada reducción de la mortalidad de niños menores de 5 años (Gráfico 8.2), gracias a una lucha más decidida contra las enfermedades transmisibles particularmente peligrosas para los niños, como la diarrea y las helmintiasis. En muchos países, el incremento del ingreso per cápita (véanse el Capítulo 4 y el Cuadro de datos 1) también contribuyó a que la mayoría de las familias pudiera acceder a una nutrición y unas viviendas de mejor calidad.

Los gobiernos de los países en desarrollo han realizado inversiones para mejorar las medidas de salud pública (relativas al agua potable, el saneamiento y las campañas de vacunación, por ejemplo), la capacitación del personal médico, la construcción de dispensarios y hospitales, y la prestación de atención médica. No obstante, es mucho lo que queda por hacer. La malnutrición, en especial de mujeres y niños, sigue siendo un problema grave, y las enfermedades transmisibles, en gran parte evitables, aún cobran millones de vidas. Por ejemplo, la tasa de inmunización contra el sarampión en todo el mundo es, como promedio, de sólo el 80%, y por año mueren más de un millón de niños, víctimas de esta enfermedad, muchos de ellos en África al sur del Sahara, donde la tasa de inmunización contra el sarampión es la más baja: alrededor del 60%. Casi 2 millones de personas mueren todos los años a causa del paludismo o de enfermedades relacionadas con él, en su mayoría en los países de ingreso bajo; sólo en África, el SIDA se cobra más de 2 millones de vidas al año.

Estructura de la población por edades

Pregunta para Discutir La salud y la longevidad de los habitantes de un país se reflejan en la estructura de su población por edades, es decir, los porcentajes de los diferentes grupos de edad en la población del país. Dicha estructura también se puede presentar en una pirámide de población, o pirámide por edad y sexo. En ella la población de un país se divide en varones y mujeres, y en grupos de edades (por ejemplo, grupos de cinco años, como en el Gráfico 8.3). En el Gráfico 8.3 se observan pirámides de población típicas de países de ingreso bajo e ingreso alto en 1995, y su proyección para 2025. La forma de las pirámides correspondientes a los países de ingreso bajo indica tasas de natalidad más altas, tasas de mortalidad más elevadas también (particularmente entre los niños) y menor esperanza de vida. Pensemos por qué en los países pobres la pirámide tiene base más ancha y es casi triangular, mientras que en los países ricos tiene forma rectangular o de pera. Expliquemos también las variaciones previstas en ambas pirámides para el año 2025.

Como se observa en el Gráfico 8.3, en los países de ingreso bajo más de un tercio de la población tiene menos de 15 años, frente a menos de un quinto en los países de ingreso alto. Desde una perspectiva demográfica, ello implica que los grupos que lleguen a la edad reproductiva van a ser más numerosos y el aumento en el número de padres superarÁa la disminución en el promedio de hijos por familia. Debido a este fenómeno, conocido como momento de la población, las tasas de natalidad se mantendrán altas, aun cuando la fecundidad disminuya (véase el Capítulo 3). Desde una perspectiva social y económica, un porcentaje elevado de niños en una población indica que hay una proporción importante que es demasiado joven para trabajar y depende de los que trabajan. Ésta es la principal razón por la cual la proporción de personas a cargo es relativamente alta en la mayoría de los países en desarrollo. Mientras que en los países de ingreso alto hay alrededor de dos personas en edad de trabajar para mantener a cada persona que es demasiado joven o demasiado vieja para hacerlo, en los países de ingreso bajo esa relación es de aproximadamente 1,0-1,5.

En la actualidad, los países de ingreso alto enfrentan el problema del envejecimiento de la población, es decir, un porcentaje creciente de personas ancianas que no trabajan. En 1996, las personas de 60 años y más constituían el 18% de la población de esos países; según se prevé, este porcentaje llegarÁa casi el 22% en el año 2010. En varias naciones (Alemania, Bélgica, Grecia, Italia, Japón y Suecia), la proporción de ancianos ya ha alcanzado o superado el 21%. Una población que envejece impone una carga más pesada a los sistemas de jubilación, atención de la salud y seguridad social de un país.

A medida que la esperanza de vida en los países en desarrollo vaya mejorando, éstos también enfrentarán el problema del envejecimiento de la población (Gráfico 8.3), que los afectarÁmás que a los países desarrollados porque tienen menos recursos financieros; el aumento de la esperanza de vida y, por consiguiente, el envejecimiento de la población son mucho más rápidos que en los países desarrollados; y la proporción de personas a cargo, tanto de niños como de ancianos, serÁmuy alta.

En el Gráfico 8.3 también se expone el problema del desequilibrio entre la proporción de varones y mujeres en los grupos de más edad, causado por la mayor longevidad natural de las mujeres. En los países de ingreso alto hay, como promedio, 133 mujeres por cada 100 hombres de 60 años de edad o más. En los países de ingreso bajo el desequilibrio es menor (104 mujeres por cada 100 hombres), pero esta "ventaja" aparente de los países pobres se debe a una mayor mortalidad derivada de la maternidad y a la discriminación en razón del género, en especial la discriminación en el acceso a la atención de la salud.

Problemas futuros

Pregunta para Discutir A medida que la salud de la población mundial ha ido mejorando, la carga de la morbilidad ha disminuido. Al mismo tiempo, la estructura de la enfermedad ha variado rápidamente: la preponderancia de las enfermedades transmisibles (diarrea, helmintiasis, sarampión), que constituyen el mayor peligro para la salud de bebés y niños, ha dado paso al predominio de las enfermedades no transmisibles (enfermedades circulatorias, cardiopatías, cáncer), que afectan principalmente a los adultos. Si bien hay medios baratos y eficaces de eliminar la mayoría de las enfermedades transmisibles, el tratamiento de las no transmisibles suele ser mucho más costoso. Además, para reducir considerablemente su incidencia, la gente tendría que modificar su comportamiento y estilo de vida.

La diferencia en materia de salud entre Europa oriental y Europa occidental sirve de ejemplo para ilustrar la importancia del estilo de vida. A esa diferencia contribuye, fundamentalmente, la incidencia de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, cuyos principales factores de riesgo son una dieta inadecuada, la falta de ejercicio, el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo. Todos estos factores, en especial el hábito de fumar, son más frecuentes en Europa oriental (Gráfico 8.4 y Cuadro de datos 2).

Pregunta para Discutir El humo del cigarrillo es más perjudicial para la salud humana que todos los contaminantes del aire juntos. El hábito de fumar no sólo es peligroso para los fumadores, alrededor de la mitad de los cuales muere prematuramente a raíz de enfermedades relacionadas con el tabaco, como el cáncer, las cardiopatías y las afecciones respiratorias, sino también para los fumadores "pasivos", que inhalan el humo de los cigarrillos de otros. Se calcula que, para los fumadores pasivos, el riesgo de contraer cáncer aumenta un 30%, y de sufrir cardiopatías, un 34%.

Los gobiernos de la mayoría de los países desarrollados han tomado medidas para reducir el consumo de tabaco y disminuir así los costos que acarrea para la sociedad; con este propósito, han fijado impuestos al tabaco, han limitado la publicidad de cigarrillos y han informado a la población sobre los riesgos del hábito de fumar. Los impuestos más altos a los cigarrillos se han establecido en Europa occidental. De acuerdo con un informe publicado en 1998 por el Instituto de la Vigilancia Mundial, en Noruega los fumadores pagan $5,23 en impuestos por cada cartón de cigarrillos, lo que representa el 74% del precio total; en el Reino Unido pagan $4,30 por concepto de impuestos, el 82% del precio total. La experiencia recogida en numerosos países demuestra que los impuestos al tabaco son eficaces para desalentar su consumo: si el precio de los cigarrillos aumenta un 10%, el consumo se reducirÁen un 5% entre los adultos y de un 6% a un 8% entre los jóvenes (de 15 a 21 años), quienes suelen tener menos ingresos disponibles.

Según el mismo informe, mientras que en Europa occidental y los Estados Unidos el número de fumadores estÁdisminuyendo, en la mayoría de los países en desarrollo va en aumento, particularmente entre las mujeres y los jóvenes. Ante el retroceso de la demanda en sus propios países, las compañías tabacaleras europeas y estadounidenses han logrado aumentar sus ventas ingresando en los mercados, menos regulados e informados, de los países menos desarrollados. En los últimos 10 años, las exportaciones de cigarrillos como porcentaje de la producción se han duplicado hasta alcanzar el 60% en el Reino Unido y el 30% en los Estados Unidos, los dos principales exportadores. Si se mantienen las pautas actuales de consumo de cigarrillos, el número de muertes relacionadas con el tabaco en todo el mundo aumentarÁabruptamente, desde los 3 millones al año que se producen en la actualidad, hasta los 10 millones en el año 2020, y el 70% de ellas ocurrirÁen el mundo en desarrollo.






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